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Gestión del recurso hídrico: caso Israel

Erez Ernesto Zaionce (Ministro Consejero de Asuntos Económicos, Embajada de Israel en Colombia)

En la medida que la población mundial continua en aumento, los efectos del cambio climático son más evidentes y los recursos son cada vez más escasos o difíciles de conseguir. Por otra parte, las predicciones no son alentadoras; se estima que para 2050, el 66% de la población mundial sufrirá los efectos de la escasez de agua potable y para 2030, el 40% ya los estará sintiendo.

Las cifras actuales son preocupantes, 25% del agua potable se pierde debido a fugas y problemas en las redes de abastecimiento en áreas urbanas. Solo 5% de las tierras irrigadas en el mundo utilizan riego por goteo y en los países en desarrollo 90% de las aguas residuales se descarga en los ríos sin tratamiento previo, lo que demuestra una tendencia negligente en la administración del recurso hídrico. En resumen no se utiliza el agua de manera eficiente, no se tratan las aguas residuales contaminando las fuentes existentes y las pérdidas por mal manejo son altas.

En el caso de Colombia, las estadísticas muestran de alguna forma los retos a los cuales se enfrentará el país en los años venideros. Algunos ejemplos son: en el país se producen cerca de 70,000 t de café al año, siendo el requerimiento hídrico estimado de 130 lt de agua para producir una taza de café; para producir 1 kg de carne vacuna se requieren 15,400 lt de agua siendo la población estimada de 25,000,000 de cabezas y en la industria automotriz se requieren 400,000 lt de agua para producir un vehículo de los cuales se ensamblan 200,000 cada año.

En ciudades como Bogotá se prevé que en los próximos 10 años el número de unidades de vivienda se duplicará, lo cual implica retos en la producción y suministro del recurso hídrico. En la ciudad de Cali las pérdidas alcanzan casi la mitad del agua potable debido a fugas en la red de abastecimiento. Según la FAO, Colombia es uno de los cinco países en el mundo con potencial para convertirse en una de las despensas de alimentos, no obstante, hoy en día no es autosuficiente.

 

No extrañas el agua hasta que el pozo se seca (Bob Marley). Siria es uno de los ejemplos más significativos a nivel mundial de las consecuencias del mal uso del recurso hídrico. Durante años, en este país la mala planificación y el uso no adecuado de las fuentes de agua por bombeo excesivo desde pozos, cultivos de alto uso de agua, baja calidad de infraestructura y la construcción de presas, se derivaron en una dinámica social que resultó en baja sostenibilidad del país. Cuando la escasez de agua se presentó, 75% de los campesinos perdieron sus cultivos, 85% de los rebaños murieron y ocurrió una alta tasa de migración hacia zonas urbanas, con lo que se incrementó el índice de pobreza y se redujo el índice de seguridad alimentaria.

Israel es un ejemplo de buen aprovechamiento del recurso hídrico. Este país inicialmente enfrentó grandes problemas en materia hídrica debido a una infraestructura deficiente, una población limitada sin conocimientos tanto en el manejo de aguas como en agricultura, sumado a una posición geopolítica de inseguridad.

No obstante, una vez el país aseguró su existencia, el agua se convirtió en una prioridad nacional.

En cifras, el reabastecimiento natural de agua es de 1170 millones de m3 por año, mientras que el índice de consumo es de 2030 millones de m3. Esto implica que cada año Israel afronta una escasez de agua del 45%, es decir, se mantiene en una situación de déficit constante de este recurso. Los datos de la distribución de agua muestran que 49% se destina a la agricultura, 35% es para uso doméstico, 6% para uso industrial, 3% uso natural y se entrega 7% a territorios vecinos.

Israel genera cada año 508 millones de m3 de aguas residuales, de las cuales 95% es recolectada y tratada mediante técnicas innovadoras para reúso principalmente agrícola (85%). El 70% del agua de consumo en Israel se provee a través de cinco plantas desalinizadoras localizadas en diferentes ciudades.

El logro de estos índice en el manejo de agua fue posible gracias a la interacción entre: (1) un marco legal eficiente, (2) sociedad del agua, (3) economía de uso del agua, (4) tecnologías apropiadas, y (5) un sistema de administración integrada del agua.

En 1959, Israel promulgó la Ley del Agua, en la cual se establece este recurso como un bien público con administración gubernamental, lo que implica la exclusión de la propiedad privada sobre fuentes de agua, incluyendo aguas lluvia, y le entrega al gobierno del control administrativo sobre todos los aspectos relacionados, entre ellos, la producción, la entrega, las tarifas y demás acciones y obligaciones encaminadas a la preservación y calidad del agua.

De igual manera esta ley descentralizó las autoridades municipales del agua, con el fin de evitar que las alcaldías establezcan tarifas o realicen cobros indebidos, así como también el aseguramiento adecuado de su uso.

En el país desde temprana edad los ciudadanos reciben instrucción sobre el cuidado y la importancia del ahorro de agua, de igual manera permanentemente se propende por este concepto haciendo a la sociedad parte integral de la cadena del recurso hídrico.

Esta experticia ha llevado a que 50% de los sistemas de riego de baja presión en el mundo sean israelíes; más de 350 plantas desalinizadoras en 40 países alrededor del mundo son desarrolladas por empresas israelíes; en el país el índice de perdida de agua potable es inferior a 10% e inferior a 3% en ciudades principales, y a su vez que registra el mayor índice de reúso de aguas tratadas en el mundo 85% para uso agrícola.

En Brasil, la empresa AGROVALE estableció un piloto de 12 años para 5400 hectáreas de caña de azúcar con tecnología de irrigación de la empresa israelí Netafim. Dentro de los resultados se encontró el ahorro de agua por kilogramo de azúcar, así, anteriormente con 1 m3 de agua se obtenían 4 kg de azúcar, actualmente se obtienen 11 kg.

Las plantas alcanzan alturas de 6 m y el promedio por hectárea alcanzó 150 toneladas de caña, lo cual excede casi en 100% el promedio nacional. La recuperación de la inversión se dio pasada una temporada de cosecha y eliminaron en un alto porcentaje la fluctuación e incertidumbre en los rendimientos.

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